Al colorear, los niños eligen colores y también regulan presión, dirección y ritmo.

Sujetar, mover y volver a apoyar un lápiz implica muchas decisiones pequeñas. Colorear convierte esas repeticiones en juego.
Las zonas grandes y abiertas suelen ser más amables que los patrones muy densos. Ceras, lápices triangulares y rotuladores se sienten de forma distinta.
Un elogio concreto destaca el esfuerzo y la elección, no un resultado perfecto.