El mejor dibujo no es el más difícil: es el que un niño quiere empezar y puede seguir a su ritmo.

Para empezar, contornos claros y zonas grandes —un pez, un globo o un animal sencillo— permiten ver rápidamente dónde puede ir el color.
Las escenas pequeñas ofrecen más para descubrir; los mandalas sirven a quien disfruta quedarse más tiempo. Un niño mayor también puede preferir un motivo sencillo.
Antes de imprimir, comprueba que el motivo principal se reconoce al momento y tiene zonas que el niño tendrá ganas de llenar.