Una pausa creativa no necesita un programa complicado: unas páginas, lápices visibles y un final claro son suficientes.

Ofrece tres páginas distintas. Elegir la propia ayuda a un niño a comenzar con más autonomía.
Después de colorear, invita a un pequeño cambio: levantarse, beber, mirar por la ventana o moverse un poco.
Colorear complementa movimiento, juego al aire libre y descanso; no los sustituye. El objetivo es un día variado.